Lunes – Primeros pasos por Edimburgo
Hoy ha sido nuestro primer día completo en Edimburgo y no podríamos haber empezado mejor. La mañana estuvo dedicada a las clases, donde poco a poco todos fueron perdiendo la vergüenza y empezando a conocerse más.
Por la tarde hicimos un recorrido de orientación por el corazón histórico de la ciudad. Caminamos por la Royal Mile, descubrimos el encanto de Grassmarket, paseamos entre las historias de Greyfriars Kirkyard y admiramos las vistas desde Calton Hill. El cielo escocés nos regaló una luz preciosa y cada rincón parecía sacado de una película.
Lo más bonito del día no fue solo la ciudad, sino el ambiente del grupo. Entre fotos, bromas y conversaciones que ya parecen de amigos de toda la vida, se nota que este viaje va a ser muy especial.
Martes – Arthur’s Seat y una ciudad a nuestros pies
Después de las clases de la mañana, nos esperaba una de las actividades más emocionantes de la semana: la subida a Arthur’s Seat. El camino estuvo lleno de risas, paradas para hacer fotos y comentarios sobre lo impresionante que es el paisaje escocés.
Cada día el grupo está más unido, todos hablan con todos, comparten snacks, se ayudan y celebran juntos cada experiencia.
Miércoles – Historia y una noche inolvidable
La mañana transcurrió entre clases y muchas anécdotas compartidas. Por la tarde visitamos el impresionante Castillo de Edimburgo, un lugar que parece guardar siglos de historia entre sus murallas. Pasear por sus patios y contemplar las vistas de la ciudad fue como viajar en el tiempo.
Pero la gran sorpresa llegó por la noche con la ceilidh, la tradicional fiesta escocesa. Música en directo, bailes, pasos que intentábamos aprender sobre la marcha y muchísimas carcajadas. Nadie quería quedarse sentado y al final todos terminamos bailando juntos.
Sin duda, ha sido una de esas noches que recordaremos durante mucho tiempo.
Jueves – Tarde de mar en Portobello
Hoy el ritmo fue más relajado. Tras las clases, nos fuimos a Portobello Beach para disfrutar de una tarde junto al mar. Algunos pasearon por la orilla, otros jugaron en la arena y muchos aprovecharon para hacer fotos del paisaje.
El ambiente fue increíblemente tranquilo y feliz. Se nota la vibra especial que tiene el grupo: las conversaciones fluyen solas y cada momento, por sencillo que sea, se convierte en un recuerdo especial.
Ver el mar, sentir la brisa y compartir la tarde con tantos nuevos amigos ha sido el plan perfecto para recargar energías.

Podeís ver todas fotos y videos en este enlace.



